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Nadie dijo que fuese fácil compartir piso, y al dejar atrás el mes de septiembre muchos se habrán dado cuenta de ello. Como demuestran datos de idealista, la demanda de pisos compartidos creció en el primer semestre de 2017 un 78’5% respecto a datos del mismo periodo del año anterior. Existen muchos aspectos que determinan una buena convivencia con los compañeros, ya sean temas económicos-fiscales, como personales.

¡Pero no os preocupéis! Hoy os ofrecemos unos consejos para no solo salir vivos de esta experiencia, sino para aprender a disfrutar como una familia y que con el tiempo no viváis ya en una casa, sino en un hogar.

El precio del alquiler suele ser el aspecto más relevante a la hora de decidirse a compartir vivienda, ya que colectivos como los estudiantes buscan compartir unos gastos que a menudo resultan inaccesibles a la hora de vivir solo. Para ello, es recomendable pensar de antemano el tipo de alquiler que buscamos, si es solidario o mancomunado. El primero es recomendable para compañeros que se conocen previamente y tienen una relación de confianza y respeto mutuo, ya que de producirse un impago por parte de uno de los miembros, son los demás los que se hacen cargo ante el propietario, abonando la parte correspondiente. Por otro lado el alquiler mancomunado se basa en contratos personalizados con cada uno de los inquilinos, por lo que en caso de que alguno no abonase la mensualidad, sería el responsable de su impago.

A la hora de encontrar compañeros, lo mejor es elaborar una lista de preguntas para hacerles en el momento en que los entrevistes. En ella puedes incluir los aspectos más relevantes para ti, con los que puedas llegar a ser más “maniático”, pero teniendo en cuenta que nadie es perfecto (no, tú tampoco lo eres, reconócelo). Las preguntas más usuales son las relacionadas con las zonas comunes, como si tiene alguna mascota, si es fumador/a, o lo que estudia o en lo que está trabajando actualmente para conocer sus horarios de forma aproximada, si suele llevar gente a casa, etc.

Una vez pasada esta criba, toca convivir. Para ello no existe una regla fija que marque nuestros límites como si de robots se tratase, pero sí que hay una premisa fundamental, y no es otra que el respeto en zonas comunes del hogar. Dentro de tu habitación puedes hacer “lo que quieras”, entrecomillado porque tampoco son de recibo hábitos como los ruidos a altas horas de la noche o una higiene deficiente, que pueden afectar al resto de compañeros pese a no ser una zona común. Respecto a estas, deja las cosas como las encontraste (o mejor si es posible), elaborad en conjunto un plan de tareas diarias, y colaborad en todo lo que podáis.

Está claro que siempre se producirá algún roce, pero es algo normal en la convivencia, lo importante es resolverlo juntos. Porque compartir piso tiene sus ventajas y desventajas, pero ¡puede ser una aventura inolvidable de la que te lleves amigos para toda la vida!