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Tener un gran jardín lleno de flores, árboles y vegetación de todo tipo, es algo que muchas personas ansían. El problema es que no es fácil (ni barato) encontrar una parcela con el espacio suficiente en la ubicación deseada. Por ello, muchos optan por vivir en un piso o en una casa con una terraza o un balcón más pequeños. Aunque, a priori, pueda parecer que no, a estos espacios al aire libre se les puede sacar un gran partido con la decoración apropiada. Uno de los elementos que hacen más acogedor y da más vida a este tipo de espacios es la vegetación, es por esto que el césped artificial está siendo tendencia últimamente. Con él, se consigue el aspecto del césped natural en lugares en los que hubiera sido difícil colocarlo.

A pesar de ser una gran alternativa, como todo en la vida, no es perfecto, tiene ventajas e inconvenientes que se deben valorar antes de decidirse a instalarlo en el hogar.

Pensando a largo plazo, el ahorro es una de las principales ventajas del césped artificial. Al fin y al cabo, el césped natural no deja de ser un ser vivo, y requiere de unos cuidados periódicos para mantenerlo saludable: cortarlo con regularidad, regarlo, conseguir que le dé el sol lo suficiente…

Su instalación es mucho más sencilla, pues basta con colocarlo en la zona que queramos y ya está. Se puede instalar encima de cualquier tipo de superficie, aunque lo ideal es situarlo encima de baldosa u hormigón.

Además, una vez instalado, apenas requiere cuidados, al contrario de lo que sucede con el césped natural al que, a menudo, hay que cuidar con costosos tratamientos específicos.

Gracias al crecimiento y evolución del sector, el césped artificial es cada vez más resistente a las inclemencias del tiempo de los distintos climas. Está creado para soportar tanto climas cálidos como fríos, húmedos como secos.

Si tienes alergia al polen o a los ácaros, puede ser una buena opción para ti. Al estar hecho de un material sintético, a diferencia del césped tradicional, no atrae insectos ni genera o acumula este tipo de sustancias que a tantas personas les puede amargar la primavera.

Otra de sus ventajas es su comodidad. Ya hemos mencionado que es fácil de instalar y de mantener, pero además la grama es fácil de limpiar.

Obviamente, no es un producto tan natural y ecológico como el césped tradicional, no obstante, se puede reutilizar y reciclar, y además no necesita de los fertilizantes y productos químicos que tanto contaminan nuestro planeta.

Sin embargo, no todo es color de rosa. También tiene sus inconvenientes, depende de la importancia que tengan para ti, te merecerá la pena decantarte por el césped natural o el artificial.

Para empezar, uno de los aspectos que puede desanimar al posible comprado es el precio. La inversión inicial puede suponer un coste mayor que el césped natural. Aunque también es cierto, que a la larga posiblemente sea rentable.

 

 

Tampoco podemos decir que el césped artificial sea una copia exacta del natural. Obviamente, el tacto, el olor y la sensación que transmiten no es la misma. Si instalamos un césped de gama alta, más fidedigno será al original.

Es cierto que hemos dicho que una de las ventajas del césped artificial es que es fácil de limpiar. Sin embargo, si por algún motivo no se limpia rápidamente, o cae un producto muy corrosivo sobre la grama artificial, al no poder regenerarse como el césped natural, la mancha puede quedar ahí para siempre.

A su vez, un objeto muy pesado que esté colocado sobre el césped de forma prolongada en el tiempo puede deformar y causar daños estéticos irreparables.

Estas han sido las principales ventajas e inconvenientes del césped artificial. Ahora te toca decidir a ti qué ha pesado más, lo positivo o lo negativo. ¿Quieres algo natural que requiera más dedicación? ¿O prefieres tener una estética similar de una forma más cómoda?

 

¡Tú decides!